Hace más de 20 años que me dedico con regularidad a crear e impartir programas docentes para la organización de eventos, la comunicación y otras materias afines. Hace más de 20 años que visito con frecuencia las más variadas aulas, de Barcelona a Ciudad de México y de Argentina a La Laguna, Valencia o Madrid y nunca, nunca, nunca, me había encontrado un con un alumnado tan curioso, tan activo y con tantas ganas de aprender. Son mujeres jóvenes, algunas madres, y todas ellas internas en el centro penitenciario de mujeres de Barcelona (CP Dones de Barcelona). Hace apenas unos meses, el día de los santos inocentes del pasado año (¡menuda ironía!) mis alumnas produjeron un evento creado durante los tres meses de clases de Introducción a la Organización de Eventos con un éxito sobresaliente tanto por su creatividad como por la impecable planificación y ejecución del acto.

Utilizamos eso que los anglosajones llaman “learning by doing”, es decir, mientras estudiábamos las claves de la organización de un evento, la comunicación en vivo y todas esas cosas, creábamos en paralelo el evento que las alumnas querían llevar a cabo: una gran fiesta con la transformación y los sueños como eje argumental. ¿Transformación? ¿Por qué? “Porque estamos aquí para transformarnos”, justificaron ellas, “para cambiar, para metamorfosearnos en algo diferente que nos permita soñar y cumplir nuestros sueños”. Los sueños también fueron protagonistas y el equipo creativo decidió que el eslogan que presidiría el acto sería: “Sueños, la magia de la vida”. Ya solo faltaba una imagen que resumiese ese deseo de transformación y de soñar y esa imagen fue la de la mariposa.

Desde el primer día de clase se repartieron roles entre las alumnas. Un equipo de cuatro personas se ocupaba del making of en foto y vídeo, dos más de los guiones y de la conducción del acto, cuatro del diseño y montaje de la decoración, un equipo para el catering, una regidora de escenario y responsable técnica, diseño gráfico,… Cada cual tenía su rol.

El proyecto era ambicioso. Trabajar en una cárcel no es fácil. Cada día debíamos atravesar seis puertas (y sus correspondientes controles) para acceder al salón de actos donde dábamos las clases. Gestionar la producción en estas condiciones y sin teléfonos móviles tiene sus dificultades y nuestra ambición era producir un evento real en ese entorno complejo que queríamos transformar, por unas horas, en un venue elegante que invitase a la alegría y a la diversión. Lo conseguimos.

Se decidió que para la selección de artistas apuntaríamos alto. El ‘no’ ya lo tenemos era el mantra que nos repetíamos cada día. Y empezó la búsqueda de un programa equilibrado, participativo, divertido y muy musical que hiciese de la fiesta de la tarde del 28 de diciembre,  la madre de todas las fiestas… de bajo presupuesto. Tuvimos magia, la mejor música en directo, flamenco de calidad, line dance, un noticiario falso desternillante, un dj para bailar, un taller de maquillaje, photocall e incluso, atraídos por el ruido que generamos durante los tres meses del curso, autoridades y VIPS que acabaron de dar brillo a un evento que, por sí solo, ya brillaba mucho.

La cosa funcionó mejor que mejor (¿ya he dicho que nunca, nunca, nunca, me había encontrado con un grupo tan activo e implicado?) y empecé a plantearme cosas. ¿Por qué un grupo de estudiantes de una prisión puede llegar a ser tan buen alumnado? De entrada una cárcel no es un entorno amable y un curso como el planteado abría una ventana de aire fresco a nuevos conocimientos, a nuevas oportunidades, a soñar en un nuevo futuro o como bien dicen ellas, a transformarse. En segundo lugar la percepción de calidad es clave. Las alumnas entendieron desde el primer día que la cosa iba en serio (“…la asistencia a clase es absolutamente obligatoria…” les anuncié el primer día), que lo que ahí íbamos a hacer no era un divertimento para romper con la monotonía del aislamiento, no, iba ser un curso profesional, liderado por profesionales y dirigido a alumnas con intereses profesionales. Tonterías las justas.

Una de las cosas que más me sorprendió fue la honestidad emocional de las internas. En este sector nos dedicamos a estimular emociones para cambiar comportamientos y, de repente, me di de bruces con auténticas especialistas de la emoción, de la empatía, profesionales de la persuasión. En nuestras clases nunca hubo silencio. Se debatía, se reía, se gritaba, se interpretaba, se ensayaba, se discutía, se escuchaba, se votaba, se argumentaba… No hubo silencio ni aburrimiento, nunca nadie miró el reloj esperando que la clase terminara. Nadie quería que terminase.

Tuve la gran fortuna de contar con algunos profesores invitados de primer nivel. Xavier Borrás, coach de comunicación emocional de equipos de alta dirección, les hizo vivir la comunicación en mayúsculas; Xavi Ribot, productor audiovisual, les explicó los secretos de una comunicación de alto valor emocional a través de las imágenes y el sonido, Melcior Guilera, director de teatro y animación para eventos, les introdujo en el mundo del espectáculo como herramienta de comunicación, Lluis Cintas, profesional del catering y la producción de eventos, les explicó la trastienda de una empresa de catering y las claves de su éxito y África Ortega, mi partner en Torrents & Friends y productora de amplísima experiencia, les introdujo en la nada fácil tarea de planificar un evento al detalle y reflejar esa planificación en un timing en el que todo, absolutamente todo, estuviese previsto. “¡Chicas! ¡Esto son eventos y en la planificación está la clave del éxito!” Lo entendieron alto y claro, planificaron bien y obtuvieron un memorable éxito.

No tengo duda de que en cualquier prisión hay gente que ha cometido grandes errores. No tengo tampoco ninguna duda de que también ahí hay mucha gente que, aprendiendo de esos errores, tiene auténtica voluntad de reconducir su vida, de transformarse. Pero sobre todo, lo que me ha quedado más claro es que, en ocasiones, la vida nos pone la zancadilla y para volvernos a levantar lo único que necesitamos es disponer de una segunda oportunidad. Hemos demostrado que los eventos pueden ser un buen camino para la transformación o la reinserción y a mí esto, como diría aquel, me llena de orgullo y satisfacción. Este año más.

El formato del evento fue una gran fiesta temática para 150 invitados (todas las internas del CP Dones de Barcelona y educadores, funcionarios, dirección del centro y autoridades) bajo el lema ‘La magia de la vida’. Hubo magníficos artistas invitados (como la cantante Paula Valls o el grupo de folk-rock Shamrock Vagabonds, entre otros) y una selección de empresas amigas que colaboraron desinteresadamente como Bermudiana, Control de Cambios, Estudi Ferran Sendra, Pasarela, Penguins o Play Off. El evento fue creado, producido y ejecutado íntegramente por  las 18 alumnas del Curso de Introducción a la Organización de Eventos realizado en el C.P. Dones de Barcelona (octubre-diciembre 2018).

Fue una iniciativa patrocinada por Torrents & Friends, creada y dirigida desde Event Management Institute por Raimond Torrents Fernández