Quizás el titular de este artículo pueda parecer exagerado pero lo que, para mí, está muy claro es que la mejor creatividad no es necesariamente la que emana de un mayor presupuesto. Lo que también está claro, y los creativos lo vivimos a diario, es que la falta de presupuesto aguza el ingenio para intentar alcanzar los objetivos propuestos por nuestro cliente con los, algunas veces ínfimos, medios disponibles.

Ayer, en Barcelona, asistí a un espectáculo magnífico. “Espejos & espejismos” (“Miralls & miratges” en su versión en catalán) es el nombre de la propuesta que el grupo Love of Lesbian ha producido junto al clown, actor y director de teatro Guillem Albá.

En un momento del espectáculo, Santi Balmes, el compositor y líder de la banda, comentó algo como “esto es muy distinto a los conciertos que normalmente hacemos. Tras una gira exitosa, siempre tenemos la sensación que la siguiente ha de ser todavía más: más iluminación, más efectos especiales, más escenografía, más electrónica, más de todo… Y hoy, en este espectáculo, esa fórmula que nos parecía inevitable no funciona…”.

Efectivamente, una escenografía humilde basada en cajas de cartón, efectos de luz sencillos pero sorprendentes, marionetas, sombras chinas, teatro de objetos, efectos de humo usados de forma nada convencional y mil efectos más que, minuto a minuto, reclaman tu atención. Un espectáculo de casi dos horas y media que te atrae desde el segundo uno y no te suelta hasta el final. Mucha tecnología y muy poca electrónica. Mucha creatividad analógica para un mundo cada día más digital.

Si la creatividad es la capacidad de generar soluciones novedosas, su nivel de eficacia no depende tanto del presupuesto disponible como de la capacidad de los creativos de centrarse en la necesidad, sumergirse en ella y proponer soluciones efectivas que nadie haya pensado antes, esto es, nuevas formas de hacer las cosas. El presupuesto puede ayudar pero nunca, dentro de unos límites, debería ser determinante.